Así define el filósofo y educador J.A. Marina al aula y es verdad que más allá de ser un espacio donde se transmiten unos conocimientos o de hacer uso de una tecnología, un aula es en pequeño un espacio social donde los individuos aprenden a integrarse, a regular sus conductas y a respetar unas normas.
Partiendo de la idea durkheniana, un salón es un conjunto de sentimientos, ideas, creencias, valores de todos los que lo componen, alumnos y profesores así como de todos los que lo dirigen o administran, directores, coordinadores, psicólogos.
No aprovechar esta circunstancia para realizar un proceso educativo de nuestra inteligencia emocional es una gran falla educativa que repercute en la regulación de la soberanía de las personas y en la integración plena y sana de los jóvenes a la sociedad.
El paso a una educación moderna, integral, constructivista, humanista, como quiera que busquemos definirla, debe contemplar el uso del salón de clase como un espacio algo más que académico.