En forma simple, la educación es un proceso interaccionado entre una persona que habla, que enseña y otra que escucha, aprende o percibe.

Esta relación escuchar-hablar se establece a través de palabras, significados, símbolos determinando una coincidencia entre persona y palabra. La palabra, sostiene el profesor Medardo Plasencia, es la expresión ordenada del pensamiento, de los sentimientos y de las emociones de nuestros mundo interno y subjetivo.
Respetar la palabra del otro, reconocer y entender los detalles y significados de la palabra del otro requiere del silencio. El silencio no es no hacer, no es ausencia de relación sino un tipo de relación que implica sensibilidad, apertura, hacia los demás y el deseo de que se produzca un verdadero diálogo.

Desgraciadamente en nuestro modelo educativo tradicional estamos más acostumbrados a hablar erigiéndonos en el centro de toda notoriedad, escuchamos muy poco y nos preocupamos profundamente por ordenar y hacer que se ejecuten nuestra órdenes.

Educados así cómo acceder a la democracia del día a día.